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Íñigo Coppel

Íñigo Coppel

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Detalle autor

Biografía

No recuerdo cuando empecé a escribir canciones, ni por qué. Debía de tener unos diez años cuando vi a Bob Dylan en la televisión cantando “The Lonesome Death of Hattie Carroll” con la letra subtitulada bajo su guitarra. Me conmovió aquella historia sobre un joven blanco y rico del sur de Estados Unidos que mataba a golpes a una de sus criadas negras.

A partir de ahí empecé a buscar canciones por todas partes y a hacer amigos que también las buscaban. Me hablaron de Javier Krahe y de Joaquín Sabina y de los Burning y de Jacques Brel y de Hank Williams y de Leonard Cohen y de un tal Carlitos Gardel... y claro, supongo que fui aprendiendo a tocar la guitarra y a cantar y a soplar la armónica, y seguramente fue entonces cuando empecé a pasar las tardes en la tienda de discos de mi pueblo escuchando todos aquellos vinilos. Y recuerdo que jugaba a adivinar el significado de las letras en inglés o en francés y que, a veces, me gustaba más lo que yo imaginaba que lo que en realidad decían.

Creo que fue por aquellos días cuando empecé a tocar en grupos. Debía de tener unos quince años cuando di mi primer concierto. Después vino mi “Primera y última canción de amor” y varios viajes, en los que siempre hacía grandes descubrimientos, y la primera colección de canciones, que titulé “Perdón por existir”.

Recuerdo cuando salté de un tren y aterricé en Madrid y empecé a tocar por las calles buscando a esos tipos que habitaban en las canciones que amaba: el de “Caballo de cartón”, ese que va en el metro a rescatar a su chica de una oscura oficina, o el que viajaba en el vagón de al lado y cogía la mano de una mujer vestida de negro en “Balada para una viuda”.

También recuerdo esas noches tan amargas en las que nadie quería escucharme, y a los amigos que fueron apareciendo con el tiempo para cantar y brindar conmigo. Y más grabaciones como “El hombre que mató a Iñigo Coppel” y, por supuesto, el nuevo disco, el que cuenta la historia de mi naufragio en el Olympia de París, donde aprendí que todo canto es necesario, y mi vuelta a Madrid, y bueno, ahora tú y esta noche y este bar y estas guitarras...

...pero no, no tengo la menor idea de cuándo empecé a escribir canciones ni por qué.

(Fotografías de Juan Cobo Escorial. y Javier Jimeno Maté.)

«Cantemos como quien respira. Porque eso es la libertad, porque es decir que somos quienes somos, porque eso es el amor: respirar o cantar. Porque ambas cosas son la misma: Poesía» (Gabriel Celaya)