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Benito Lertxundi

Benito Lertxundi

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Biografía

BENITO LERTXUNDI nació en Orio en 1942. Su infancia, rodeado de ocho hermanos mayores, fue feliz aunque con algunos problemas ajenos a su familia. El problema es que no le gustaba ir a la escuela. Él mismo se lo contaba a Álvaro Feito creador de su biografía en el año 2005:

«Fui a la escuela, naturalmente, pero no me gustaba nada, tenía cierta aversión a ella, a estudiar, al maestro. Teníamos problemas de lenguaje, de pequeñitos estábamos obligados a hablar en castellano en la escuela, pero teníamos poca destreza de él, era como un castigo ir a la escuela... Aquello lo miro ahora con un cierto amargor, pero en aquel momento lo recuerdo como algo muy duro».

En aquellos años de su infancia, lo que verdaderamente le gustaba a Benito era dibujar –que por cierto, se le daba muy bien–, y sentarse en silencio en los bancos de las iglesias de su pueblo para escuchar los sonidos del órgano, cosa que hacía en secreto para que sus amigos no se burlaran de el.

Siendo muy niño, participó también en el coro parroquial. «Desde muy pequeño –recuerda– me sentía atraído por la música polifónica, coral y aún es ésa una afición que sigo manteniendo.

Finalizado el período escolar, a los trece o catorce años, y como le gustaba tanto dibujar, sus padres decidieron matricularlo en la Escuela de Artes y Oficios de Zarautz, donde aprendió la técnica de la arcilla y a tallar madera. "Anualmente –sigue recordando Benitoel Frente de Juventudes organizaba unos concursos, y yo, representando a la escuela, me presenté dos años seguidos a los de talla de madera. Llegué a ganar los campeonatos de Guipúzcoa, y un año estuve en Madrid en la final del campeonato de España, donde conseguí el tercer premio".

Aprendido el oficio, empezó trabajar como tallista hasta los diecinueve años, edad en la que cambió de actividad; se colocó en una relojería que regentaba Martín Lizaso, que era a misma persona que tocaba el órgano y dirigía el coro en la iglesia de Orio.

Martín Lizaso es un personaje guardado con cariño en la memoria de Lertxundi, no sólo por sus actividades en la parroquia, sino, sobre todo, porque fue la persona que un buen día, puso un laúd en sus manos para que intentara afinarlo, y porque fue él, precisamente, quien le recomendó que se comprara una guitarra, instrumento del que, a partir de entonces, nunca se separó.

             

Adquirida su primera guitarra, Benito empezó a tocar, y convirtió esa actividad en una de sus más grandes aficiones. Tocaba, por ejemplo, canciones de Elvis Presley o de Cliff Richard, y las adaptaba al euskera creando sus propias letras, que luego cantaba sobre aquellas mismas melodías.

De lo narrado hasta aquí se desprenden, evidentemente, tres rasgos de la personalidad de Benito Lertxundi que más tarde confluirán en su actividad como creador y como cantante. En primer lugar, su especial sensibilidad hacia el mundo del arte y de la creación artística; en segundo lugar, su afición y su gusto, en particular, hacia la música, y, en tercer lugar, su arraigada identidad vasca, simbolizada en el uso del euskera como una lengua propia a la que no estuvo dispuesto a renunciar.

Un acontecimiento clave en la vida de Benito fue la celebración de un concurso de canto organizado por el diario donostiarra "La Voz de España", en el año 1967. Así se lo contaba el mismo a su biógrafo Álvaro Feito:

«Un día me enteré de que "La Voz de España", un periódico de aquella época, organizaba un concurso de voces noveles, que se iba a montar en el Teatro Bellas Artes, de Donostia. Se presentaba muchísima gente, y comenzaba por unas eliminaciones previas. Hicimos el primer llamamiento un domingo, para pasar la prueba inicial. Teníamos que superar una especie de examen a puerta cerrada.¡Lo mismo había allí 400 o 500 candidatos!<(p>

El martes siguiente se publicaba en la prensa la relación de cantantes que habían pasado [...]; y en letras grandes, en los titulares, se decía: "Un joven oriotarra, Benito Lertxundi, se perfila como uno de los cantantes favoritos"».

Y, efectivamente, ganó el primer premio. A partir de ahí, entró en contacto con Mikel Laboa y, junto con Jorge Oteiza, Lourdes Iriondo, José Ángel Irigaray y Julen Lekuona, decidieron formar el colectivo "EZ DOK AMAIRU".

Aquello supuso para Benito Lertxundi una profunda transformación en el terreno de la canción y de la composición musical. Junto a los otros miembros del colectivo, tomó conciencia de la necesidad de crear una canción genuinamente vasca, basada en la tradición y, a la vez, comprometida con la realidad y con los problemas que en aquel momento se vivían en Euskadi. «Fue un proceso de concienciación; al menos yo lo viví así –comenta Benito–; una mirada que yo antes no poseía, Yo venía cantando hasta entonces de una manera natural, espontánea, sin plantearme nada parecido. Y comencé a componer varias canciones en esa línea, aunque también continuaba interpretando mis temas anteriores».

Primeras canciones que grabó en cuatro singles editados los dos primeros en el sello discográfico Cinsa –que dirigía el escritor bilbaino Xavier Gereño–, y los otros dos, en Herri-Gogoa.

En 1969, inmerso en las actividades culturales y musicales del colectivo "Ez Dok Amairu" –entre ellas el espectáculo "Baga-biga-higa"–, Benito grabó su primer LP, que llevaba como título su mismo nombre, y en el que recopilaba las canciones aparecidas en sus primeros singles.

Tras la disolución del colectivo "Ez Dok Amairu", en 1972, Benito grabó su segundo LP: "Oro laño mee batek..." ("Todo velado por la tenue niebla...") , editado en el sello discográfico Artezii (1974) y reeditado, mas tarde, en soporte CD, por Elkar.

Posteriormente, en 1975, apareció su tercer álbum, titulado "...Eta maita herria, üken dezadan placera" ("...Y ama al país, si quieres complacerme") . Un disco repleto de armonía y delicadeza en el que se mezclan temas extraídos del cancionero tradicional y antiguas tonadas perdidas de la provincia vasco-norteña de Zuberoa.

A aquel disco le siguieron "Zuberoa /Askatasunarén semeei" (1977) –reafirmación poética y musical de su pasión por Zuberoa– y "Altabizkar / Itzaltzuko bardoari" (1981), doble disco en el que a partir de la batalla de Roncesvalles, Benito rescata los escasos restos de la épica vasca, y en el que, inspirándose en la novela de Arturo Kanpion "Ell bardo de Itzalzu" le rinde su homenaje a Gartxot, trovador que hacia el año 1100 prefirió sacrificar a su hijo, Mikelot, antes de permitir que perdiera sus raíces vascas.

Cuatro años después salió el sexto LP de Lertxundi: "Gaueko ele ixilen baladak" (1985), uno de sus discos más hermosos en el que decidió volcarse sobre sí mismo para mostrarnos lo más profundo de su personalidad y de sus sentimientos.

Tras aquel hermoso disco aparecieron los siguientes: "Mauleko bidean" (1987), "Pazko gaierdi ondua" (1989), "Hunkidura Kuttunak 1 y 2" (1993 y 1994), "Hitaz oroit" (1996), "Auhen sinfonikoa" (1998) –grabación del espectlaculo-concierto en el que Benito actuó con la Orquesta Sinfónica de Euskadi–, "Nere ekialdean" (2002), "40 urtez ikasten egonak" (2005) –doble CD en el que conmemora sus cuarenta años de trayectoria musical y artística–, "Itsas ulu zolia" (2008) y "Oroimenaren oraina" (2012).

                      

«Cantemos como quien respira. Porque eso es la libertad, porque es decir que somos quienes somos, porque eso es el amor: respirar o cantar. Porque ambas cosas son la misma: Poesía» (Gabriel Celaya)