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Bernardo Fuster

Bernardo Fuster

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Biografía

Bernardo Fuater nació en Madrid, en 1951. A principio de lo años setenta militó en el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico), en el que fue responsable, primero en Valencia y posteriormente en Madrid, de la propaganda que el Frente imprimía y difundía de manera clandestina.

A mediados de 1974, acusado y perseguido por su participación en el FRAP –organización subversiva–, tras permanecer varios meses escondido, decidió exiliarse.

Su viaje hacia el exilio, con el fin de no ser descubierto por la policía, lo realizó en un autobús de la empresa "Juliá" que salía dirariamente de la plaza de la Universidad, de Barcelona, con destino a Perpiñán. Un autobús al que llamaban del "último tango", porque realizaba el trayecto de ida y vuelta cada día, para satisfacer la demanda de los españolitos que deseaban ir a Francia para ver las películas prohibidas por eso del sexo y del despelote; lo que, evidentemente, conocía la policía, que permitía a los viajeros pasar la frontera sin ser sometidos a minuciosos controles.

La intención de Bernardo era encontrarse con responsables de varias organizaciones españolas en el exilio –con los que previamente ya había contactado–, para unirse a ellos y seguir colaborando, ahora desde el exterior en la lucha contra la dictadura. En aquel momento él ya cantaba y tocaba la guitarra y era consciente de que en París residían varios cantantes españoles, como Paco Ibáñez, que organizaban y participaban en actos y conciertos antifranquistas.

Nada más llegar a la capital francesa, a Bernardo se le planteó un problema; él mismo, en su libro "El contador de abejas muertas. Memorias de un músico clandestino" (2014) nos lo cuenta; creo que merece la pena recordarlo porque fotografía bien aquellos años del exilio durante la dictadura franquista:

«Acabo de dejar la estación, son las ocho de la mañana, tengo una cita en la fachada derecha del teatro de la Ópera que hay en la plaza del mismo nombre [...]. Estoy esperando. Nadie viene. Pasan diez minutos de la hora. Me empiezo a preocupar. Media hora. Me desespero. Intento tranquilizarme pensando que quizá la cita era media hora más tarde y yo lo entendí mal. No llega nadie y son ya las diez. [...] No tenía ni idea a donde acudir ni como ponerme en contacto con alguien del FRAP. Me puse nervioso. Cuando me calmé, calcule el dinero que tenía y al ver que era poco rechacé la idea de meterme en una pensión. [...] Me dirigí a la estación de Austerlitz para buscar un lugar donde pasar la noche con la confianza de que al día siguiente se me ocurriría alguna solución.»

A la tarde del día siguiente, Bernardo, sin saber qué hacer, o a dónde ir, encontró una salida a su situación bastante desesperada:

«Esa tarde, mientras me comía una "bagette" con queso en Brie, sentado en un banco a la orilla del Sena, el río de las penas de Deboard se me encendió un recuerdo fugaz: cuando llevamos a Paco Ibáñez a Anyora y al Festival de la Canción Ibérica en Valencia, me contó que era amigo de una chica española, excelente cantante, que tenía un restaurante, y me recomendó que si iba alguna vez a París que fuera allí de su parte. Lo que no recordaba era el nombre del restaurante, tan solo me rondaba por la cabeza una pista, el restaurante tenía nombre de moneda española o algo así. Acudí al listín telefónico. Empecé a buscar restaurantes que tuvieran el nombre de una moneda española y lo encontré Restaurante Maravedí. Como si se me abrieran las puertas del cielo recordé entonces que Paco Ibáñez me dijo el nombre de la chica, se llamaba Mara. Todo cuadraba. [...] El "Maravedí" fue un lugar mágico. Mara, su dueña, un hada madrina. Entré y pregunté por ella. [...] Rápidamente me dijo que estaba en el mejor sitio posible, que me podía ayudar, que ella cantaba a menudo para el FRAP y conocía a muchos compañeros.»

Así fue como entre Mara y Bernardo se entabló una buena amistad, y empezaron a actuar juntos. En aquel momento, Bernardo ya había adoptado el seudónimo de PEDRO FAURA.

Por aquellas mismas fechas, Bernardo conoció también a Carlos Andreu –cantante anarquista que interpretaba sus propias canciones apoyándose musicalmente en temas populares– con el que compartió diversos recitales en Francia y Alemania.

                  

A la vez, entró en contacto con el músico y compositor portugués José Mário Branco y colaboró con el Grupo de Acção Cultural - Vozes na Luta (GAC), grupo con el que realizó varios conciertos en Portugal; lo que le permitió conocer personalmente a José Afonso, que tanto influiría, posteriormente, en su trabajo como compositor.

En Berlín Bernardo Fuster grabó dos discos con el seudónimo de Pedro Faura, en la discográfica Neue Welt: "Manifiesto" (1975) y "Volver, no es volver atrás" (1975); dos discos, radicalmente comprometidos, que simbolizan con claridad lo que en aquellos años se conocía como "canciones de lucha y de resistencia"; canciones en las que –como dice Jean-Jacques Fleury, en su libro "La nueva canción en España. I" (1978)– «había que llamar al pan, pan, y al vino, vino».

En septiembre de 1976, Bernardo Fuster volvió a España, una vez concedida la primera amnistía. Nada más llegar, conoció a LUIS MENDO y entró a formar parte, como actor y como cantante, del grupo de teatro Tábano. Año y medio después, en 1978, ambos, Luis y Bernardo, decidieron abandonar el teatro independiente con la intención de montar un grupo que fusionase el folclore con la música urbana; grupo de larga andadura cultural y musical que se llamó y se llama SUBURBANO.

(Para completar la biografía de Bernardo Fuster puede acudirse a las entradas de Luis Mendo y del grupo Suburbano en esta misma Web.)

             

«Cantemos como quien respira. Porque eso es la libertad, porque es decir que somos quienes somos, porque eso es el amor: respirar o cantar. Porque ambas cosas son la misma: Poesía» (Gabriel Celaya)