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Diego Harris

Diego Harris

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Biografía

Mi primer recuerdo de una guitarra carece de lógica alguna. Apareció encima del mueble de mi habitación, allí donde dormí plácidamente hasta pasados los treinta años. En esa cama soñaba con que algún día tendría delante en persona a Paul McCartney, o que intercambiaría palabras de fútbol con Paco de Lucía, o incluso que llegaría a compartir escenario con cantautores increíbles como Javier Álvarez. Aquella cama presagio hizo que mi mirada, una mañana, se dirigiese a aquella vieja guitarra. La misma a la que ponía las cuerdas que mi padre me traía sin saber ninguno de los dos cual era la primera, y cual la sexta. De afinación tenía menos noción todavía. Y así nacieron las primeras melodías, de un universo sonoro surrealista formado por el sonido que emitían cuerdas cualesquiera afinadas de imprevisible manera. La frustración de aquel primer encuentro acabó una mañana de invierno en mi balcón donde, martillo en mano, acabé entre lágrimas con aquel instrumento. Al poco tiempo mi madre me compró una nueva. Lo primero que hice fue aprender a afinarla.

Han pasado muchos años desde aquello. Diversos encuentros casuales han ido dando forma a lo que soy. Quizás uno de los más importantes fue aquella tarde en una playa de Calafell, cuando aquel guitarrista que decía haber grabado para los Brincos me dijo: “Si estás tocando la guitarra al revés porque eres zurdo y no tienes guitarra para zurdo, ¿por qué no aprendes a tocar con la otra mano?”. Resolvía así un conflicto interior que me invadía desde el mismo momento que aprendí a tocar los primeros acordes sin darme cuenta de que la guitarra estaba dada la vuelta. Fue como aprender a escribir con la otra mano, pero lo conseguí. Echo de menos aquellos destellos de inocencia e ingenuidad.

Siempre he vivido en Madrid. No voy a empezar a decir la relación de sitios donde he tocado, porque al fin y al cabo terminan siendo los mismos para todos los que nos dedicamos a esto. El mérito está, más que en los sitios, en la alegría de saberme capaz de defender mi trabajo en los escenarios. Aunque no haya habido nunca respaldo discográfico ni de mecenas poderosos. Poco a poco, acorde con acorde, palabra con palabra, escenario tras escenario. Delante de doscientas personas (las menos veces) o de cinco. No se trata de cantidad. Se trata de saber escuchar.

Ya quedó atrás el día que tuve a McCartney delante de mí, y el día que Paco de Lucía me decía que tenía una tele en el camerino para ver el partido de España de aquel Mundial de Sudáfrica que ganamos. Hoy en día participo en un homenaje de Javier Álvarez para ABBA tocando al piano dos canciones con él. Y poco a poco mis canciones, y mi trabajo personal sobre la obra de García Lorca bajo el nombre de "Diego Harris se va haciendo un hueco".

Esa es la única satisfacción. Y en ella sigo viviendo.

«Cantemos como quien respira. Porque eso es la libertad, porque es decir que somos quienes somos, porque eso es el amor: respirar o cantar. Porque ambas cosas son la misma: Poesía» (Gabriel Celaya)