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Javier Ruibal

Javier Ruibal

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Biografía

JAVIER RUIBAL –liberador del "genio andaluz", como diría Blas Infante– nació en El Puerto de Santa María (Cadiz) el 18 de mayo de 1955.

Antes de entrar en su biografía, considero importante, como pórtico, realizar una aproximación global a su personalidad, a su creación musical y al contenido de sus canciones.

Desde el punto de vista personal, en Javier destaca, en primer término, su desbordante sensibilidad que, desde siempre, le ha mantenido abierto a la percepción activa y atrapadora de la belleza –en cualquiera de sus manifestaciones–, y que, a la vez, le convierte en un ser absolutamente solidario –sin ambigüedades– con su tierra, con sus gestes del Sur y, en general, con todas aquellas situaciones personales y sociales de dolor, de injusticia, de desamparo o de soledad que va encontrando en su camino.

A su vez, Javier es un hombre con una clara opción en favor de la vida, opción que alimenta de sueños y de utopías posibles a las que se entrega apasionadamente. «Vuela –decía en una de sus primeras canciones titulada "Darse a vivir"apura el poco tiempo que nos queda, procúrate unas alas y a volar. Anda, no dejes que te lleven en volandas». Clara opción por la vida que alimenta en el amor, que suele expresar con una sana, honda y contagiosa alegría y que le convierte en una especie de devorador de todo aquello que, desde su sensibilidad, le da sentido y fuerza a su vivir.

Cualidades, las anteriores que Javier vive y desarrolla con una extraordinaria sencillez y humildad.

                    

Desde el punto de vista musical, en Javier anida un apasionante crisol de culturas y de estilos. Enraizado en la música popular andaluza, y, en particular, en el flamenco, despega con cantes libres –y liberados de cualquier tipo de encasillamiento–, en los que se establece una fusión armónica y enriquecedora entre los ritmos y los ecos musicales del norte y del sur, de oriente y de occidente; Javier con su música, viaja desde Estambul a La Habana, desde Tánger a Nueva York, o desde Alejandría hasta Granada, pasando –¡claro está!– por Cádiz; y siempre sin dejar de hacerles sus particulares guiños al rock, al jazz o a cualquier otro ritmo o sonoridad que le impacte y que considere enriquecedora en esa aventura, generadora de belleza, que él siempre emprende en y con sus canciones.

En ese sentido, Ruibal es un maestro de la interculturalidad y un claro referente de lo enriquecedor que resulta el encuentro y el hermanamiento de la culturas como camino y meta para la paz y la armonía.

En lo referente a los textos de sus canciones, desde siempre, Javier ha sido un poeta en el que se conjugan el gusto y la sensibilidad hacia la cotidianidad –de la que sabe extraer solidarios destellos de denuncia y de esperanza–; la pasión por la vida y hacia el amor; y la creación de situaciones, de lugares, de personajes y de ambientes que, aunque en ocasione son fruto de la fabulación y del ensueño, se nos cuelan en el alma como reales u creíbles por lo que tienen de aspiraciones o de deseos posibles e irrenunciables.

Con todo este conjunto de claves personales y artísticas, Javier Ruibal se ha convertido, sin lugar a dudas, en uno de los creadores que mejor ha sabido dignificar la música y la canción del SUR, siéndoles fiel desde la raíz y, a la vez, universalizándolas, es decir, imprimiéndoles ese profundo sentido de la apertura hacia lo universal que caracteriza el "alma andaluza".

Su primer disco apareció en 1982 con el nombre de "Duna", álbum en el que participaron extraordinarios músicos como Gerardo Núñez, Luis Paniagua, Rubem Dantas o David Thomas, que intervino como arreglista.

Cuatro años después, Javier Ruibal grabó su segundo LP, titulado "Cuerpo celeste" (1986) ilustrado en su cubierta con un maravillo retrato dibujado por Máximo Moreno, y, en 1989, "La piel de Sara", disco sorprendente hermoso que nos introdujo, ya de lleno, en ese mágico mundo musical y poético de Javier del que hablaba en el inicio de esta biografía.

Entre las canciones que integraron aquel álbum –de auténtica referencia en la obra de Javier– merecen destacarse tres, especialmente hermosas, "Agualuna", "La boda" –aproximación desbordante de sensibilidad hacia el mundo y la cultura gitana– y "La rosa azul de Alejandría".

Posteriormente tras cinco años sin editar ningún disco, reapareció con una grabación en directo a la que tituló "Pensión Triana" –nombre de una de sus más hermosas canciones–: álbum en el que realizó un recorrido por muchas de las canciones grabadas en los discos anteriores, y en el que contó con la colaboración de Martirio en los coros y con la participación de un extraordinario conjunto de músicos, entre los que figuraban Antonio Toledo, Chano Domínguez, Jorfe Pardo, John Parsons o Luis Dulzaides.

                  

Tras aquella grabación, tuvieron que pasar cuatro años para poder volver a disfrutar de un nuevo disco de Javier; acontecimiento del que pudimos congratularnos, en 1997, con la aparición del álbum "Contrabando", editado por PDI.

Un nuevo disco y, con él, un nuevo encuentro con la belleza; con la música que brota a borbotones cálidos, y, a la vez, refrescantes, de libertad y de sensibilidad; con el hermoso y deslumbrante hermanamiento entre culturas, que Javier sabe plasmar musicalmente mejor que nadie, y con su misterioso y siempre apasionado y excitante mundo poético, entretejido, en esta ocasión, de aves del paraíso, de reinas de África y ojos negros de Mozambique, de talismanes y aguamarinas, o de bocas de rosa y labios hechiceros.

Posteriormente, en 2001, Ruibal fichó por el sello discográfico "18 Chulos Record" y grabó du sexto disco, titulado "Las damas primero", que fue presentado en el "Adriano III", vaporcito que recorre varias veces el día la espléndida bahía de Cadiz.

En aquella ocasión Javier nos ofreció doce canciones de amor que fueron calificadas por el inolvidable y magnífico crítico Paco Almazán –fallecido en 2004– como "de impagable belleza"; canciones entre las que merece la pena destacar: "Aurora", "Isla Mujeres" –anteriormente grabada con David Broza–, "Suite del náufrago" –donde el tema amoroso se mezcla delicada y solidariamente con el de la imaginación–, y "Sueños", poema cantado de Rafael Alberti.

Dos años más tarde Ruibal publicó "Sahara", álbum recopilatorio, editado por la compañía inglesa World Music Network, en el que se recoge parte de la canciones integradas en sus dos discos anteriores.

Más recientemente, Javier nos ha ofrecido el Disco+DVD "Lo que me dice su boca", obra grabada en directo en la sala Galileo Galiley de Madrid, con dieciséis canciones, la mayoría de ellas inéditas, como "Atunes en el paraíso" –creada por Javier para la película "Atún y chocolate", dirigida por Pablo Carbonell–; "Fugitivos en Hamelín" –compuesta para el programa de televisión de Jesús Quintero "Los ratones coloraos"–; o "De Málaga, Malagueñito", canción dedicada a Pablo Picasso, que Diego Cigala integró en su álbum "Picasso en mis ojos" (2005).

Completan la discografía de Javier Ruibal, hasta el momento, la reedición –en 2010– de su disco "Pensión Triana" –con ilustraciones de Santo de Veracruz–; la publicación del libro-disco "Sueño. Javier Ruibal y la Orquesta de Córdoba" (2011) –obra grabada en el Gran Tetro de Córdoba en julio de 2010, y en el Gran Teatro Falla de Cádiz en noviembre de 2010–; "Quédate conmigo" (2013) –disco bellísimo– y "31 aniversario" (2016), obra compuesta por 2 CD's + 2 DVD's en la que participan, como invitados y amigos, Kiko Veneno, Martirio, Miguel Ríos, Tomasito, Jorge Dreixler, Carmen Linares, Pasión Vega, Paco Cifuentes, Pepe Begines, Juan Echanove, Rycardo Moreno, o David Dorantes.

(Fotografías de Juan Miguel Morales, Pepe Niebla y Susana Barbeda.)

           

«Cantemos como quien respira. Porque eso es la libertad, porque es decir que somos quienes somos, porque eso es el amor: respirar o cantar. Porque ambas cosas son la misma: Poesía» (Gabriel Celaya)