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Lluís Llach

Lluís Llach

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Biografía

LLUÍS LLACH nació el 7 de mayo de 1948 en Girona y vivió desde muy pequeño en Verges, pueblo del Bajo Ampurdán en el que su padre trabajaba como médico rural, y su madre, como maestra.

Aquel pueblo y la belleza de sus paisajes, en los que transcurrió su primera infancia, supusieron para Lluís un impacto imborrable; tanto que, en 1980, compuso una de sus más hermosas obras "Verges 50" (Ariola) en la que, con un total desbordamiento de sensibilidad, nos declara su amor apasionado hacia la tierra que acogió los primeros años de su vida, tierra a la que considera como su "país petit".

«El meu país és tan petit / que sempre cap dintre del cor / si és que la vida et porta lluny d'aquí [...]. / Canto i sempre em sabré / malalt d'amor pel meu país».

«Es tan pequeño mi país / que siempre cabe en el corazón / si la vida te lleva lejos de aquí [...]. / Canto y siempre me sabré / enfermo de amor por mi país.«

(De hecho Lluís celebró su concierto de despedida profesional como cantante precisamente en Verges; fue en 2007. Con ese motivo compuso la canción "Verges 2007" en la que dice: «S'està bé plegats a Verges / mentre fem de les cançons i enyors / un bell camí / que si bé ens acosta a l'adéu / ha deixat escrit en el cor: / "molta sort, / que tingueu molta sort».... «Se está bien todos juntos en Verges / mientras hacemos de las canciones y añoranzas / un bello camino / que si bien nos acerca al adiós / ha dejado escrito en el corazón: / "mucha suerte, / que tengáis mucha suerte».)

En aquel paisaje, y gracias, especialmente al empeño de su madre, Lluís desarrolló una extraordinaria sensibilidad. Desde muy pequeño, prácticamente desde que cumplió los cinco años, empezó a tocar el piano que había en su casa, a crear sus primeras estructuras musicales y, en general, a sentir una muy especial atracción hacia el mundo de la música y de la composición.

A los nueve años, Lluís abandonó Verger para trasladarse a estudiar, como interno, al colegio de La Salle, de Figueres; y seis años después, en 1965, se trasladó a Barcelona para iniciar sus estudios universitarios. Empezó estudiando ingeniería, y, después de dos años, lo dejó, y decidió matricularse en la Facultad de Económicas.

Durante aquella primera etapa en la Universidad continuó cultivando su pasión por la música, aprovechando cualquier oportunidad para tocar la guitarra que su madre le había regalado, y para comenzar a componer y a cantar sus propias canciones.

Sus compañeros de universidad, y, en particular, su amigo Lluís Zayas –al que le encantaban aquellas canciones primerizas– le sugerieron que las presentara en el escenario de la sala de conciertos "La Cova del Drac"; Lluis se resistía a hacerlo, pero, finalmente, se decidió a vivir aquella aventura. Fue, realmente , el inicio de su carrera artística.

Al concierto de Lluís en "La Cova del Drac" asistió Josep María Espinàs –que formaba parte del colectivo de canción "Els Setze Jutges" y que en aquel momento dirigía el sello discográfico "Concèntric"–. Nada más escucharle, le propuso grabar un disco que apareció en 1967, con cuatro canciones: "La barca", "En Quítero", "El parc" y "Que feli´era mare", basada en un poema de su hermano Josep María.

      

Aquel mismo año, Lluís se incorporó al grupo "Els Setze Jutges" y dio su primer recital como miembo del colectivo en Terrassa el 22 de marzo de 1967. Debut que Lluís nos narra en el libro que sobre él ha escrito Brigitte Baudriller ("Lluis Llach, Ed. Cátedra, 2000):

«Ese 22 de marzo, Delfí Abella –otro de los componentes de "Els Setze Jutges"me empujó al escenario. Me presenté allí como un campesino, un chco intimidado, y pedí al público, entre el que se encontraba mi hermano y algunos amigos de la universidad sentados en primera fila, mucha indulgencia y generosidad. Guitarra en mano, ojos cerrados, las piernas me temblaban... Al final, entre bastidores, unas mujeres mayores me felicitaron ¡por el hermoso "vibrato" que tenía en la voz! Una fuerza, una necesidad de comunicar, me habían empujado hasta allí. Mi "carrera como cantante" comenzó así... Había vencido mi timidez –sólo en parte– y me había integrado en un grupo que ponía todas sus fuerzas, todo su corazón, en la comunicación con el público.»

A lo largo de 1968, Llach grabó en "Concèntric" cuatro nuevos singles en los que fue dejándonos hermosísimas canciones que han llegado a convertirse en piezas poéticas y musicales inolvidables; canciones apasionadamente comprometidas que nos ofrecen la auténtica crónica sentimental de toda una generación a la que, dentro y fuera de Cataluña, nos unía la fe activa, la esperanza en el futuro y, sobre todo, la pasión por la vida en libertad. Canciones como "El bandoler", "Per un tros del teu cos", "Cal que neixin flors a cada Instant", o "L'estaca", canción que llegó a convertirse en un esperanzador himno antifranquista que invitaba a la unidad y a la solidaridad como fuerzas liberadoras contra la dictadura.

En 1969 Lluís grabó y publicó su primer LP: "Els èxits de Lluís Llach": dió –con gran éxito– su primer concierto en solitario en el Palau de la Música, de Barcelona; y conoció a Laura Almerich, amiga, cómplice y parte fundamental de su acompañamiento musical a lo largo de toda su carrera.

Al año siguiente se publicó en la empresa discográfica Movieplay, su segundo LP: "Ara i aquí" (1970), y Lluís protagonizó, entre otros, dos recitales fundamentales: En el mes de noviembre, en Cuba, participando en el Festival de la Canción de Varadero; y, en diciembre, en el Teatro Español, de Madrid. En ambos recitales, tras alzar valiente y rotundamente su voz, su canto y su sensibilidad en defensa de la libertad y la democracia, empezó a sentirse duramente perseguido por la policía, hasta el punto de llegar a prohibírsele cantar porque, según decían, "revolucionaba al público con la mirada".

Ante aquella situación insostenible, Lluís Llach decidió hacer las maletas y exiliarse a Francia. «No podía trabajar en mi pequeño país –recuerda– estaba amenazado [...]. Tenía un sentimiento de rabia más que de miedo contra el franquismo. Al final, en marzo de 1971, tuve que partir.»

En París entró en contacto con otros amigos exiliados y sobrevivió como pudo. Dio recitales –algunos especialmente entrañables, como los que se celebraron en el Theéâtre de la Ville–, conoció y estrechó lazos de complicidad con otro compañeros del mundo artístico –como Josep Maria Flotats, Paco Ibáñez, Elisa Serna, Teresa Rebull o Carlos Cano–, y siguió componiendo sin pausa.

Mientras tanto en España se editó su tercer disco: "Com un arbre nu" (1972).

El 21 de enero de 1973, a Lluís se le presentó la gran oportunidad de cantar en el Olympia de París. El recital fue un éxito extraordinario. Se grabó en directo y de él se editaron dos discos: uno, incompleto, publicado en España ese mismo año, y un doble LP, editado en París por "Le Chant du Monde", en 1974, que contenía el concierto completo.

Tras cuatro años de ausencia, Lluís consiguió las autorizaciones necesarias para volver a cantar en Cataluña, y lo hizo, en Barcelona, durante los días 2 y 3 de febrero, presentando su nuevo discos "I si canto trist..." (1974).

Al año siguiente, 1975, Lluís Llach presentó en el Palau de la Música, de Barcelona, lo que podría considerarse su primera obra sinfónica: "Viatge a Itaca"; obra que, por su duración y por su desarrollo musical, rompía con el tradicional concepto de canción; y que desde el punto de visto poético –inspirada en el poema "Ítaca" de Kavafis–, marca el inicio de lo que sería una de sus líneas de pensamiento esenciales: la reivindicación del derecho a soñar, y la militancia radical y activa en el valor y en la fuerza revolucionaria de la esperanza.

Como consecuencia de aquella presentación, Lluis se encontró sometido a nuevas censuras y represiones. Aunque estaba previsto que la actuación en el Palau se repitiera durante siete días, al quinto, al final del concierto, fue detenido, se le impuso una multa y se le prohibieron las dos últimas actuaciones.

El gobernador civil de Barcelona –que en aquel momento era Rodolfo Martín Villa– justificaba su decisión con estas palabras: «Lluís Llach ha cometido infracciones al reglamento de espectáculos que prohíbe expresamente a los artistas dirigirse al público y hablar con él; prohibición que el señor Llach ha transgredido varias veces, profiriendo palabras que la autoridad gubernamental estima atentatorias contra las instituciones y la legislación vigente».

Ante aquella nueva y repetida situación, Lluis decidió volver a salir de España, e inició una gira por Londres, México, Bélgica, Italia, Alemania, Suiza, Venezuela y, una vez más, Paris.

Muerto Franco; Lluís regresó a Barcelona; regreso esperanzador ante lo que suponía el final de una larga dictadura y la posible iniciación de un proceso de transición democrática en nuestro país.

Nada más regresar, durante los días 15, 16 y 17 de enero de 1976, cantó en el Palau d'Esports de Barcelona, ante más de treinta mil espectadores; actuaciones que fueron grabadas en directo y que se pueden rememorar en el disco "Bacelona, gener del 76".

A partir de aquel momento, se inició una nueva etapa creativa para Lluís Llach; el hecho de enfrentarse entonces a una situación real, en la que la libertad era una conquista posible, hizo, sin duda, que su creatividad y su fuerza expresiva estallase en todos los sentidos.

Fue en ese contexto en el que surgió, en 1977, "Campanadas a morts"; obra sinfónica en la que Llach moviliza toda la fuerza de su sensibilidad para rebelarse apasionadamente, y con dolor –una vez más– contra la falta de libertad, contra la injusticia, y contra la violencia, en este caso, ante uno de los acontecimientos más lamentables acaecidos tras la muerte de Franco, concretamente el 3 de marzo de 1976. Aquel día, con motivo de una huelga general, más de cinco mil trabajadores se reunieron, a las cinco de la tarde, en la Iglesia de San Francisco, de Vitoria, para celebrar una asamblea; la policía, que rodeaba la iglesia, ordenó y forzó el desalojo, disparando, prácticamente a ciegas, contra los trabajadores y provocando tres muertes –llamémosle asesinatos– y cientos de heridos, de entre los que fallecieron, poco tiempo después, otras dos víctimas.

Esta desgarradora, pero a la vez, extraordinaria obra, "Campanades a morts", fue editada por Movieplay en un disco, con una bella cubierta ilustrada por Matías Quetglas, en el que se incorporaron otras cuatro canciones: "A la taverna del mar", inspirada en un poema de Kavafis; "Laura", bellísimo tema dedicado a Laura Aymerich, guitarrista, cómplice, amiga y compañera inseparable; "Vinyes verdes vora el mar", basada en un poema de Josep María Segarra, y "Cançó d'amor", en la que Lluis define sinbólicamente el amor como «el plaer gratuït i sincer d'un joc ple de frisances; un poema de pells on el sexe és l'accent d'un senzill llenguatge». («El placer gratuito y sincero de un juego estremecido; un poema de pieles donde el sexo es el acento de un sencillo lenguaje».)

A partir de 1977, Lluís Llach empezó a ofrecernos, de forma ininterrumpida, todo un conjunto de canciones, de concietos y de discos siempre sorprendentes por el derroche de su sensibilidad musical y poética que cada uno de ellos transpira, y, sobre todo, por la profunda humanidad y solidaridad que en todos, y en cada uno de ellos es capaz de transmitirnos: "El meu amic el mar" (1978) –en el que su pasión por el mar es el gran protagonista–; "Somniem" (1979) –magistral–; "Verges 50" (1980) –poema sinfónico dedicado a su "país petit"–; "I amb el somriure, la revolta" (1982); "T'estimo" (1984); "Maremar" (1985); "Camp del Barça - 6 de juliol de 1985" –grabado en directo–; "Astres" (1986); "Geografía" (1988); "La forja de un rebelde" (1990) –banda sonora de la película dirigida por Mario Camús–; "Torna aviat" (1991); "Ara, 25 anys en directe" (1992); "Un pont de mar blava" (1993); "Rar" (1994); "Món Porrera" (1995); "Nu" (1997) –en el que hace balance de treinta años de su vida profesional–; "9" (1985); "Temps de revoltes" (2000); "Jocs" (2002); "Junts" (2003) –concierto que Lluís Llach y Josep Carreras ofrecieron el 29 de diciembre de 2003 en el Palau Sant Jordi ante 12.000 espectadores–; "Poetes" (2004) –libro-disco dedicado a su canto vinculado a poetas como Miquel Martí i Pol, Màrius Torres, Joan Oliver "Pere Quart", Joan Fuaster, Josep M. de Sagarra, Joan Salvat-Papasseit, Josep M. Andreu o Constantin Kavafis–; "Que no s'apague la llum" (2005) –obra grabada con Feliu Ventura en directo en el Gran Teatre de Xàtiva, el 20 de mayo de 2005–; o "Verges 2007".

Mucho, y muy apasionante, es lo que habría que recoger y que contar sobre la actividad desarrollada por Lluís Lach a lo largo del anterior y muy extenso entramado creativo, o sea, entre 1977 y la primavera del 2007 en la que tomó la decisión de poner fin a su carrera artística; un final celebrado y significado con dos multitudinarios y emotivos recitales ofrecidos en una carpa –con capacidad para más de 5000 personas– en Verges los días 23 y 24 de marzo.

Extensa actividad de creación, de comunicación y de compromiso que le ha sido reconocida, por ejemplo, a través de los diversos premios que le han sido otorgados, entre ellos, los siguientes: En 1979, en San Remo, recibió el premio Luigi Tenco como mejor cantante extranjero; en 1982 la Generalitat de Catalunya le concedió la Creu de Sant Jordi; en 1985 la Academia francesa del Disco le otorgó el Premio al mejor Compositor del Año; en 1999 Federico Mayor Zaragoza le hizo entrega oficialmente, en París, del nombramiento de "Artista para la Paz" otorgado por la UNESCO; fue premiado en la VII Edición de los Premios de la Música de 2003; y en 2013 fue galardonado con el Premio Euskadi de Plata del Gremio de Libreros de Gipuzkoa por 'Memoria de unos ojos pintados', su primera novela.

Finalmente para concluir este desarrollo biográfico voy a concluir con unas palabras del periodista Francesc-Marc Álvaro con las que me siento plenamente identificaco: «Llach nos ha hecho más valientes, más justos, más tiernos, más generosos y mejores amantes de lo que somos. Sólo por eso, con su don para musicar el deseo de ser otra tribu, ya le debemos bastante.»

            

(Fotografías de Pilar Aymerich y  Juan Miguel Morales.)

«Cantemos como quien respira. Porque eso es la libertad, porque es decir que somos quienes somos, porque eso es el amor: respirar o cantar. Porque ambas cosas son la misma: Poesía» (Gabriel Celaya)