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Luis Pastor

Luis Pastor

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Biografía

LUIS PASTOR nació en Berzocana (Cáceres), el 9 de junio de 1952. Hijo tercero de cinco hermanos de una familia de campesinos, tuvo, allá en su pueblo, una infancia feliz que transcurrió apaciblemente entre la escuela, la plaza, la iglesia, la calle, el campo y los amigos.

Desde muy pequeño le gustaba cantar: "Cuando era niño –comenta Luis– todo el mundo cantaba [...]. En la radio se escuchaba a Farina, Joselito, Marisol, Antonio Molina, La Niña de los Peines, Pepe Pinto, Tomás de Antequera, etc. Yo cantaba "El monaguillo" con la misma vocecita de pito de Joselito, y, cuando bajaba mi calle hacia la plaza, algunas vecinas me paraban y me pedían que les cantase [...]».

«Yo era, soy y seguiré siendo un cantarín, como mi padre –continua diciendo Luis en el libro "Los autores", editado por la Fundación Autor–. Lo recuerdo arando el campo con sus caballos y, en medio de esa soledad inmensa de la era, su voz tronando coplas [...]. Mi madre también cantaba mientras hacía las labores de la casa. Con nosotros vivía mi abuelo, que se dedicó a la música. Se fue con dieciséis años a Argentina, dejando novia en el pueblo. Cuando volvió, traía el oficio de sastre y debió de haber aprendido música, porque tocaba la guitarra. Luego se hizo sacristán y tocaba el órgano de la iglesia. En mi familia, a todos nos gustaba cantar. En Navidad, nos sentábamos alrededor de la mesa camilla a la una o las dos de la mañana y nos daban las ocho cantando».

En 1960, los padres de Luis, pensando en sus hijos y en su futuro, y ante la falta de horizontes, que, en aquel momento, les ofrecía el trabajo en el campo, decidieron trasladarse con toda la familia a Navalmoral de la Mata. «En Navalmoral –sigue recordando Luisme puse a trabajar en una tintorería. No recuerdo la razón, pero supongo que el motivo fue que llegué tarde al curso escolar [...]. Yo siempre estaba cantando, una noche mi primo José Luis que tocaba la bandurria en una rondalla, me llevó a rondar a las mozas junto a otros amigos. Aquella fue mi primera actuación a pecho descubierto. Tenía nueve años y canté "Clavelitos"».

Al año siguiente, víctimas por segunda vez de aquel duro peregrinaje que siempre supone la emigración, tuvieron que trasladarse de Navalmoral al barrio de Orcasitas, de Madrid, y dos años más tarde, en 1963, decidieron instalarse definitivamente en el barrio de Vallecas, donde Luis pasó treinta años de su vida; y donde surgió su vocación, su trabajo, su pasión y su compromiso con la música y con la canción popular.

En 1966, Luis Pastor, cumplidos los catorce años dejó el colegio y se puso a trabajar de botones de una empresa de seguros; vendió la bandurria que le habían regalado por Reyes tres años atrás y se compró su primera guitarra. «Por entonces fue cuando empecé a cantar en la iglesia del barrio –comenta Luis–. Los curas no eran como los del pueblo. Eran curas de los pobres, de las inmigrantes... y estaban allí para ayudarnos. Se me abrieron las puertas de la cultura».

Y así, poco a poco, en contacto con otros jóvenes, participando en reuniones y actividades solidarias de la Juventud Obrera Católica (JOC) –organización comprometida contra la dictadura y en defensa de los Derechos Humanos–, y cada día más enganchado a la música y a la canción, Luis se fue integrando en la realidad y en la problemática de Vallecas –barrio obrero lleno de vida y de rebeldía contestataria– y empezó a descubrir que encerradas en los libros de poemas había unas voces que le removían por dentro, y que le desvelaban sentimientos y sueños que él, en su barrio y con su gente, también sentía y pensaba. Llegó a ser un auténtico devorador de poetas como Miguel Hernández, Nicolás Guillén, Luis Chamizo, Neruda, León Felipe o Carlos Álvarez. (No es de extrañar, por tanto, que, cuando cogió su guitarra para empezar a componer sus primeras canciones, lo hiciera sobre aquellos poetas a los que tanto admiraba.)

En 1972 decidió dejar su trabajo en la oficina de seguros para dedicarse a cantar y a organizar sus primeros conciertos, que era lo que realmente le gustaba.

Por aquella época, en uno de sus conciertos celebrado en Barcelona, Luis conoció a Quintín Cabrera –cantautor uruguayo que vivía en España y que lamentablemente falleció en 2009–. Quintín –siempre tan acogedor y solidario– invitó a Luis a quedarse en su casa el tiempo que quisiera, y allí permaneció durante seis meses.

Cuenta Luis que fue en Barcelona donde descubrió a uno de los más grandes referentes de su música, me refiero a José Afonso: «En Barcelona escuché por primera vez la música portuguesa. –recuerda Luis–. En una tienda descubrí y compré un disco de José Afonso: "Cantares do andarilho"; en la contraportada leí que era un cantante portugués que hacía música popular y cantaba en reuniones de amigos, en parroquias, en centro de trabajo. "Como yo", pensé. Aquel disco lo escuché un millón de veces».

Ese mismo año, 1972, Luis Pastor entró en contacto con la discográfica "Els 4 Vents" en la que grabó un disco con once canciones sobre textos de Blas de Otero, Pablo Neruda, Miguel Hernández y Guillén, disco que no pudo editarse como consecuencia del rechazo represivo y demoledor de la censura.

En aquellas circunstancias, el gran proyecto se vio, de momento, reducido a la edición de un primer single –1972– con dos temas: "La huelga", de Pablo Neruda –canción a la que tituló "La huelga del ocio". para despistar a la censura– y "Con dos años", de Miguel Hernández.

En 1973, se presentó en un festival de villancicos de Pamplona y de ahí surgió su segundo single, que contenía igualmente dos canciones: "El niño yuntero", de Miguel Hernández, y la primera canción que compuso, con un texto propio, a la que tituló "Hace falta saber". (Aquel mismo año participó junto con Moncho Alpuente, Quintín Cabrera, Gabriel Salinas y el grupo Els Sapastres en el disco colectivo "Todo está muy negro".)

Dos años después, tras cumplir, como pudo, el servicio militar –que en aquel momento era obligatorio–, firmó un contrato discográfico con la compañía Movieplay y grabó su primer LP para el que retomó el mismo proyecto que le habían censurado en Barcelona, con la misma portada y con idéntico título: "Fidelidad" (1975). En aquel álbum contó con Carlos Montero como arreglista y con el acompañamiento a la guitarra de Juan Carlos Fernández.

Tras aquella grabación que tuvo un enorme éxito, Luis consolidó un descubrimiento que le marcó musicalmente para siempre; fue su encuentro con la música y la canción portuguesa: primero su encuentro en 1972 con José Afonso, y en 1975 con otros dos cantantes portugueses que vinieron a actuar en el Colegio Mayor San Juan Evangelista, de Madrid, y que le entusiasmaron: Fausto y Vitorino, magníficos músicos que le acompañaron en la grabación de su segundo disco titulado "Vallecas" (1976).

En "Vallecas" –segundo LP de Luis Pastor recientemente reeditado– grabó temas como "Coro de la primavera", de José Afonso, y todo un conjunto de canciones sobre textos poéticos musicalizados por él mismo: "Quisiera un verso manchado", de Carlos Álvarez; "Dos canciones para un gesto", de Jesús López Pacheco; "Cancioneta", de León Felipe; "Nanas del Che" y "Villancico para Rafael Alberti", de Víctor Manuel Arbeloa; "Vamos juntos", de Mario Benedetti; "Amar es combatir", de Octavio Paz; y "Canción del exilio", de Castor.

Por otra parte en ese mismo disco –ilustrado magistralmente por Pedro Sánchez–, Luis incluyó también la canción "Vengan a ver" de la que es autor de la letra y de la música; canción mítica convertida en uno de esa especie de "himnos" que suscitaban la unidad y la solidaridad de los grupos y movimientos reivindicativos de los años setenta.

Tras la edición del disco "Vallecas", Luis Pastor grabó su tercer álbum "Nacimos para ser libres" (1977). LP en el que siguió contando con la colaboración del guitarrista Jean Pierre Torlois y con la de grandes músicos portugueses como Fausto, Sergio Godino y Adriano Correia de Oliveira.

Aquella fue una obra que, coincidiendo con las primeras elecciones generales y con el inicio de la transición democrática en nuestro país, apuntaba clara y directamente hacia la reivindicación de la libertad como un don y un derecho característico de la identidad humana, y hacia las claves imprescindibles para que esa libertad se hiciera posible: la unidad y la lucha solidaria.

Tras las elecciones generales y la aprobación de la Constitución, en 1978, Luis Pastor, luchador infatigable y honestamente libre y democrático, empezó a sentir, en su propia experiencia, lo que se conoció como la "crisis de los cantautores"; crisis que, en realidad, lo que supuso, de verdad, fue la necesidad y la exigencia de replantear la identidad y las funciones culturales, artísticas, sociales y políticas de la "canción de autor" en el contexto de la transición, con una Constitución en marcha, y con un Parlamento elegido democráticamente.

Ante aquella situación Luis decidió dejar temporalmente la canción; lo que en ningún caso supuso una rendición a su apuesta personal por la libertad y por la cultura; se integró en "El Gayo Vallecano" –sala y proyecto de teatro alternativo– para encargarse de la programación musical y componer la música de las obras de teatro que se estrenaban en la sala; trabajo de composición que compartió con Luis Mendo, del grupo Suburbano.

En 1979, Luis –que lleva la música y la canción en sus entrañas– decidió meterse en un estudio de grabación para "dar a luz" un nuevo disco con aires y planteamientos renovados. Así nació "Amanecer", un álbum precioso y profundamente positivo y esperanzador.

Aquel bellísimo álbum no obtuvo el éxito que merecía y se esperaba y, como consecuencia de ello, Luis volvió a realizar un nuevo parón profesional; parón que duró poco tiempo porque se encontró con el periodista Alfredo Amestoy y le ofreció hacer el papel de ciego en su programa de TVE, "Visto y no visto". Su participación en el programa consistió en interpretar una serie de "coplas de ciego", de carácter crítico e irónico, escritas y compuestas por Bernardo Fuster, Paco Villar, Miguel A. Campos y el propio Luis; canciones que posteriormente fueron grabadas en el disco "Coplas de cieglo" (1983).

A partir de esa experiencia, Luis Pastor, sin poder renunciar a su sueño y a su necesidad de cantar y de compartir sus canciones, grabó tres discos entre 1984 y 1988; tres obras de búsquedas y de encuentros musicales que recogen canciones extraordinarias y de gran belleza, y en las que se sientan las bases y la personalidad del Luis Pastor del que hoy podemos disfrutar. Esas tres obras fueron: "Nada es real" (1984), "Por la luna de tu cuerpo" (1986) y "Aguas de abril" (1988).

Posteriormente, entre 1992 y 1994, publicó dos nuevos discos grabados en directo que venían a significar una síntesis de todo su trabajo anterior: el primero grabado en el Teatro Romano de Mérida, y, el segundo, en un local de Cáceres llamado Torre de Babel, en el que contó con la colaboración del guitarrista Antonio Toledo. En un principio estos discos fueron editados por las discográficas Pasión y Fonomusic, respectivamente, y, más tarde, reeditados en un doble CD con el sello "Flor de Jara", creado por Luis y Lourdes Guerra para publicar y distribuir sus futuras creaciones.

A partir de ese momento Luis empezó a escribir en una libreta el que llamó su "Diario de a bordo"; diario cuyo contenido el mismo lo definió en los siguientes términos: «Relatos de un náufrago frente a las cosas de la vida. Reflejos del alma en los acantilados del ser. Soledad asumida, soledades compartidas. Mar en calma. Mar de lágrimas. Islas recorridas a la búsqueda de la felicidad. Dulces besos. Dulces canciones. Reflejos de agua...».

De aquel "Diario" –con la colaboración de Pedro Guerra, que musicalizó trece poemas–, nació el primero de una serie de disco-libros que pusieron de manifiesto la madurez poética y la desbordante sensibilidad desarrollada por Luis con el paso de los años y como resultado de su trabajo constante y siempre ilusionado. Esos discos fueron: "Diario de abordo" (1996), "Por el mar de mi mano" (1998), "Piedra de sol" (2000), "Soy" (2002), "Pásalo" (2004) y "Duos" (2009), álbum en el que participaron Bebe, Luis Barbería, Pedro Guerra, Miguel Ríos, Dulce Pontes, Javier Álvarez, Bidinte, Joän Afonso, Martirio, Leo Minax, Chico César y Lourdes Guerra. Destacar también en estos discos la extraordinaria colaboración del pintor Javier Fernández de Molina ilustrando y dándole vuelo imaginativo a la obra de Luis.

Más recientemente es importante resaltar el encuentro creador vivido por Luis con dos grandes poetas:

Encuentro con José Saramago del que surgió el libro disco bilingüe "Nesta esquina do tempo" (2006) ("En esta esquina del tiempo"), compuesto de catorce poemas cantados en español y en portugués, y uno recitado por el propio Saramago.

Y reencuentro también con Miguel Hernández con motivo de la celebración, en 2010, del "Centenario de su Nacimiento". En concreto, ahí están los discos "Sonidos blancos", de Juan Valderrama y "Remembranzas", de Carmen Linares, que recogen canciones musicalizadas por Luis; y un disco monográfico de Jarcha, dedicado a Hernández, con el título de "El rayo que no cesa", obra en la que se incorporan varias canciones musicalizadas por Luis sobre poemas de Hernández.

Nombrar por último su más reciente disco "¿Qué fué de los cantautores?" (2012); la publicación de su primer poemario "En el tiempo de cerezas" (2016); la edición del libro biográfico "Memorias en verso" (2017) y, para concluir, decir que, en reconocimiento de su trabajo poético y musical, le fue otorgada la Medalla de Extremadura en 2003.

  

«Cantemos como quien respira. Porque eso es la libertad, porque es decir que somos quienes somos, porque eso es el amor: respirar o cantar. Porque ambas cosas son la misma: Poesía» (Gabriel Celaya)