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Martirio

Martirio

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Biografía

MARIBEL QUIÑONES "MARTIRIO" nació en Huelva el 21 de marzo de 1954. Desde muy pequeña, vivió una relación abierta y apasionada con la música y con la canción, en sus múltiples y variadas manifestaciones.

«En mi casa –recuerda en unas declaraciones realizadas a Manuel López Gómez, en 2004– la música siempre estuvo presente; mi madre cantaba muy bien, y mis padres eran muy aficionados a la música, el teatro, la radio, el cine... Había mucha sensibilidad artística,

«Recuerdo que cantaba siempre, desde pequeña. Con 15 años mi padre, a instancias mías y como buen aficionado al flamenco, me puso un profesor de guitarra que se llamaba el maestro Rofa, en Huelva, y me enseñó a conocer todos los palos del flamenco. A partir de ahí mis maestros han sido los que yo elegí de forma autodidacta [...]. Tengo influencias desde Lole y Manuel a Atahualpa, de Chavela a Fernanda y Bernarda, de Los Montoya a Edith Piaf, María del Mar, Amalia Rodrigues, de Leonard Cohen a Enrique Morente, de Soledad Bravo a Marta Valdés, de Compay a Camarón, de Pata Negra a Mina, de Javier Ruibal a Gema y Pabel, de Kiko Veneno a Billie Holiday, de Marife a Cassandra Wilson...De Battiato a Paolo Conte... Música, música, música y letra... mi alimento.

«Me gustaban el pop y el rock; el que se hacía aquí y el que venía de Inglaterra y Estados Unidos; la música romántica italiana; me encantaba el soul. [...]

«Mi relación con el jazz viene de primeras de la mano del cine, que es donde lo descubro. Luego empiezo a escuchar a Billie Holliday, Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald, Louis Armstrong... Y ya después, oyendo y aficionándome mucho más, descubro que no hay mejor música para distinguir el valor y el significado de cada instrumento y para que cada solista tenga su sitio y su tiempo de creación y expresión con el apoyo de todos los demás. Escuela de voz, ritmo y compás.»

Con todas esas influencias –y, sobre todo con la pasión que Maribel pone en todo cuanto emprende–, en 1981, se incorporó al grupo Jarcha, con el que grabó el disco titulado "A la memoria de Federico García Lorca" (1984), sin duda, uno de los mejores discos del grupo.

Tras aquel periodo inicial, cantando y actuando con Jarcha, Maribel se encontró con Kiko Veneno, encuentro que para ella fue tremendamente enriquecedor, y definitivo para su futuro profesional.

Incorporada, en 1985, a grupo que lideraba Kiko –en el que también participaba, como teclista Chano Domínguez– e influenciada, sin duda, por aquella experiencia, surgió la idea y el proyecto más original que se produjo en aquel momento en el universo de la música y de la canción andaluza: fue el nacimiento de un personaje al que decidió ponerle el nombre de "Martirio"; personaje síntesis de la tradición y de la modernidad que asumió en aquel momento, una doble función social y cultural.

En primer lugar, supuso la reivindicación de la libertad y del derecho a la igualdad por parte de las mujeres; asumiendo y dándoles voz a los sentimientos reales de las mujeres sencillas y cotidianas que, víctimas del machismo y la represión, decidieron rebelarse sin dejar de ser ellas mismas, es decir, sin renunciar a sus formas de expresión y a su identidad femenina.

Por otra parte, la aparición de Martirio fue, también, una original y valiosa contribución a la recuperación de la belleza y del valor poético, musical y crítico de la auténtica copla andaluza; contribución desarrollada, por una parte, a través de su magnífica interpretación de coplas clásicas, y, por otra, con la creación de nuevas coplas, construidas desde la más rabiosa actualidad; coplas como "Soy virgen" o "Méteme goles", compuestas en colaboración con Kiko Veneno, e integradas en su primer LP: "Estoy mala" (1986).

La primera aparición de Martirio, presentada como "tonadillera rockera posmoderna", tuvo lugar el 8 de marzo de 1984, en la plaza de San Andrés, en Sevilla, aparición sorprendente y deslumbrante que fijó el punto de partida de una de las carreras artísticas más interesantes y creativas que se han desarrollado en nuestro país.

La propia Martirio recuerda y narra aquella primera aparición en los siguientes términos: «Iba con una peineta enorme, gafas negras y un mantón de manila. Recuerdo el miedo y la excitación, el vértigo. Aquello era nuevo, un territorio inexplorado, resbaladizo y contundente. El personaje y su lenguaje habían salido de nuestra manera de ver las cosas entonces, pero venía con la mochila llena de referencias anteriores e interiores. Más tarde, comprendí que el efecto inmediato de aproximación colectiva que provocó aquel personaje sincrético que aunaba muchas tendencias y referencias estéticas, sociológicas y musicales se producía en un momento en que había un hueco que llenar y me tocó la misión de encarnarlo. Aquella noche, Martirio se estaba abriendo paso a través de mí [...]. Con Martirio desarrollé un campo de creatividad que se convirtió en mi carrera y en mi objetivo para crecer como persona».

En 1986, Martirio grabó su primer LP "Estoy mala", al que antes he hecho referencia, , y, aproximadamente, dos años después nos ofreció un segundo álbum, al que le puso el nombre de "Cristalitos machacaos" (1989); disco temáticamente muy en la línea del anterior, pero en el que Martirio supo imprimir al ritmo de la copla unas pinceladas de jazz y de blues que consiguieron darle a los textos un tono más íntimo. En aquella ocasión Martirio estuvo acompañada de grandes músicos como Pata Negra, Javer Ruibal, Isidoro Sanlúcar y Vicente Amigo.

Dos años más tarde Martirio publicó su tercer disco titulado "La bola de la vida del amor" (1991).

«Aquel disco fue una ofrenda –cuenta Martirio en su libro "La vuelta a Martirio en 40 trajes"–. Por eso en su portada, entregaba la bola como mi corazón. Me sentía feliz de ser mujer, de acariciar y dibujarme con la espuma de mi feminidad. Empezaba a descubrir la diosa interior que todas tenemos. Se me quitó el miedo a estar sola.

«"La bola..." significó para mi el inicio de un viaje, una travesía hacia mi misma. [...] Había comenzado a escribir yo sola las canciones... [...] La música que acompañaba a mi voz tenía también un espíritu de búsqueda. El amor que puso Webo en la producción del disco era el mismo que nos impregnaba a todos. En aquel tiempo nos había revolucionado el paisaje y el concepto musical del disco "Pasión", de Peter Gabriel. Y bajo esa influencia quisimos cambiar la orquesta tradicional que acompañaba las coplas por sonidos que permitieran viajar a la voz mandando postales desde las raíces de la tierra y la memoria, con la mirada de hoy.»

En 1994, Maribel dio un paso más en la concreción de su identidad y de sus búsquedas personales y artísticas con la grabación del disco "He visto color", álbum compuesto por diez hermosísimas sevillanas en el que habría que destacar, por una parte, la intervención de su hijo, Raúl Rodríguez –extraordinario guitarrista– que, a partir de aquel momento, se convertiría en uno de sus músicos imprescindibles; y, por otra parte, destacar también el hecho de que los textos de nueve de las diez canciones que integraron aquel disco fueron escritos por la propia Martirio; textos de una hermosa sencillez, en los que navega de forma natural entre el humor, la ironía y la ternura.

A partir de la edición del disco "He visto color"; Martirio emprendió lo que podría calificarse como el recorrido definitivo de su carrera como creadora y como intérprete; recorrido concretado en tres discos sencillamente extraordinarios: "Coplas de madrugá" (1997) –magnífico y bellísimo disco-libro grabado con la colaboración de Chano Domínguez–, "Flor de piel" (1999) y "Mucho corazón" (2001), disco que fue nominado en los premios Grammy Latinos como el mejor álbum flamenco de 2002.

En 2004, Martirio grabó un nuevo CD, titulado "Acoplados"; disco en el que le acompañaron el pianista Chano Domínguez, con su grupo de jazz y Big Band, y la Orquesta de RTVE, bajo la dirección de Adrián Leaper. Su grabación se realizó en directo en el Teatro Monumental de Madrid, y reúne doce hermosas coplas –arregladas e interpretadas con una cuidadosa y muy ajustada estética jazzística–, como son, por ejemplo. "El agüita del querer", "Torre de arena", "Me embrujaste", "La bien pagá", "Compuesta y sin novio", "Ojos verdes" o "Yo soy ésa".

En reconocimiento a la belleza de esta obra, le fue concedido el premio al Mejor Disco de Canción Española 2004, dentro de la IX Edición de los Premios de la Música.

Al disco "Acopalados" en la obra de Martirio le han seguido "Primarvera en Nueva York" (2006); "25 años en directo" (2009) –grabado en directo en la Sala Luz de Gas. Barcelona en los día 20, 21 y 22 de octubre de 2008–, "El aire que te rodea" (2011) –en el que se aproxima a la música cubana de la mano del compositor y pianista cubano José María Vitier–, "De Un Mundo Raro. Cantes por Chavela" (2013) –obra homenaje a Chavela Vargas en el que estuvo acompañado magistralmente por su hijo Raúl Rodríguez–, y "30 años" (2016) -obra que incluye 2CD y 1DVD con el Documental realizado por José Sánchez-Montes sobre la trayectoria artística de Martirio, con la que se celebran sus 30 años de dedicación a la música y a la canción–.

Para concluir resaltar también que, además de los premios y reconocimientos ya mencionados, Martirio ha recibido la Medalla de Oro de la Junta de Andalucía (2004), el Premio Internacional Cubadisco (2010), y, más recientemente el Premio Nacional de las Músicas Actuales (2016).

(Fotografías de Jesús Ugalde Solís y de archivo de F.G.Lucini.)

«Cantemos como quien respira. Porque eso es la libertad, porque es decir que somos quienes somos, porque eso es el amor: respirar o cantar. Porque ambas cosas son la misma: Poesía» (Gabriel Celaya)