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Víctor Manuel San José

Víctor Manuel San José

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Biografía

VÍCTOR MANUEL SAN JOSÉ nació en Mieres (Asturias), el 7 de julio de 1947.

De entrada es preciso afirmar que Víctor Manuel, es un creador que, desde el día que decidió dedicarse a la música, se ha manifestado como un luchador vacunado contra el desaliento ante las dificultades que, sobre todo allá por los años sesenta, tuvo que afrontar para poder abrirse un camino propio, personal y coherente en el universo de la canción.

Víctor , como tantos otros creadores que protagonizan la historia de nuestra "canción de autor", goza de una gran popularidad, que se ha ganado a pulso, no sólo por la calidad y la diversidad de su obra, sino también por el esfuerzo, la ilusión y el entusiasmo que siempre ha puesto en su trabajo, en particular, en aquellos años en los que, en nuestro país, la canción era una forma de expresión superficial e intrascendente, que poco o nada tenía que ver con el desarrollo y con la evolución de la cultura popular, y menos aún con la toma de conciencia y con la reivndicación de los valores y de los sentimientos democráticos que, a través de ella podían despertarse y fortalecerse en la ciudadanía.

Víctor, de pequeño fue un niño como tantos otros de su edad: iba al colegio, no le gustaba demasiado estudiar, le encantaba jugar al fútbol, admiraba a su padre –que era taquillero de la estación de ferrocarril–, quería mucho a su abuelo Vítor –a quien le encantaba leer y charla con la gente–, tocaba la armónica, se sabía algunas canciones de Joselito –que sonaba permanentemente en la radio– e intentaba imitarle cuando, en las fiestas o en las reuniones familiares, le pedían que cantara.

Finalizados sus estudios primarios, y mientras cursaba el bachillerato en el Instituto, fichó con el equipo de fútbol juvenil de Caudal, lo que le obligaba a acudir todos los domingos al campo del Batán, cosa que, por cierto, le encantaba, y que –como a todo adolescente soñador– le abría una ilusión y un posible horizonte de futuro... ¿Llegaría a ser un gran futbolista en el Oviedo, en el Sporting o quién sabe, incluso en el Real Madrid o en el Barcelona... Pero no, éste no iba a ser su futuro.

Por entonces, Víctor había descubierto a través de la radio a un cantante que le llamó mucho la atención: se llamaba Leny Escudero, nacido en Navarra –concretamente en Espinal-Auzperri– en 1932, y fallecido en 2015; hijo de exilados republicanos, que componía e interpretaba sus propias canciones en francés.

Un buen día de 1962, cumplidos los quince años, a Víctor le regalaron una guitarra, que fue el desencadenamiento de lo que sí iba ser su futuro. Empezó a tocarla de forma autodidacta acompañándose con ella en la interpretación de algunos temas de Leny Escudero y, poco tiempo después, empezando a componer sus propias canciones.

«Se traza a solas un camino –escribe Héctor Vázquez Azpiri en la biografía publicada en Júcar (Los Juglares) en 1974– y se dispone a seguirlo a sabiendas de lo difícil que será, para un chaval de quince años y de Mieres, remontar los escollos que irán poniéndose por delante. Guarda el secreto para sí y, a solas, busca sin desmayo los repliegues y los misterios que quiera revelarle la guitarra. Siente por dentro un impulso de hacer algo nuevo, pero sabe que su técnica es torpe todavía y que le conviene ser discreto: callar, aprender, estudiar y no dejarse vencer por el ambiente.»

Inmerso en ese autoaprendizaje, y cada vez más convencido de que la música podía ser su futuro, Víctor se enteró –en 1963– de que en Mieres se iba a organizar un concurso de canción para jóvenes intérpretes, que se desarrollaría, domingo a domingo, en el teatro Capitol. Después de pensárselo mucho, decidió inscribirse en aquel concurso. El domingo que le tocó actuar fue todo un éxito, y quedó seleccionado como finalista.

Como consecuencia de aquella actuación y de aquel concurso, fue contratado para cantar con una orquesta llamada "Bossa Nova", que amenizaba las fiestas de los pueblos durante los fines de semana; orquesta que, tras su integración como vocalista, pasó a llamarse "San José y la Orquesta Bossa Nova". Aquel mismo año Víctor fue seleccionado para jugar en el equipo juvenil de fútbol del Caudal Deportivo; actividad que le gustaba mucho pero que abandonó por la música.

En 1964, tras recibir la información de que Televisión Española había organizado un concurso musical llamado "Salto a la fama", decidió enviar la solicitud para ver si podía presentarse. La respuesta fue afirmativa y un buen día se metió en un tren y se presentó en Madrid para hacer la prueba de admisión al concurso. Prueba que no logró superar, pero frente a la no se rindió puesto que Víctor ya tenía muy claro cual quería que fuese su futuro. Continuó luchando y buscando hasta que por fin consiguió empezar a trabajar como cantante en la emisora "La Voz de Madrid" dentro de un programa dominical llamado "La nueva ola musical" que presentaba el locutor Bobby Deglané.

Durante año y medio, Víctor cantó en aquel programa todos los domingos –por cierto, sin ganar un céntimo–; pero al final logró que, en reconocimiento de su trabajo, los responsables de la emisora le concedieron el premio de una de las "Estrellas de Oro" que solían otorgar al final de cada temporada.

Por aquellas mismas fechas fue seleccionado para participar en el Festival de Benidorm de 1966, interpretando –sin éxito– las canciones "Tus cosas" y "Mucho" de autores prácticamente desconocidos. Canciones que publicó en uno de los tres primeros singles que grabó para la discográfica Belter, discos que poco tenían que ver –ni musicalmente, ni respecto a los textos– con lo que pronto serían sus composiciones más personales, más comprometidas y de mucha más calidad.

En 1967, Victor Manuel presentó varias canciones de su propia creación a los Festivales del Miño –interpretadas por Paco Ruano– y del Eo – cantadas por Cholo Juvacho–; canciones con las que consiguió ganar, en ambos casos, el primer premio.

Con el dinero que Víctor consiguió ganar en aquellos festivales, pudo disponer de un tiempo de tranquilidad para centrarse en lo que era su mayor deseo: componer su propias canciones sin pensar en concursos o en festivales, sólo en él mismo, es decir, en lo que verdaderamente le apetecía escribir y componer.

Hay que decir ya, en aquel momento, el joven llegado de Mieres a la gran ciudad había adquirido una gran madurez en todos lo terrenos, pero sobre todo en lo que se refiere a su personalidad y a su forma de sentir y de pensar. Por otra parte había empezado a adquirir una mayor conciencia social y política de lo que se estaba viviendo en el país, y, por otra, desde la distancia y el recuerdo, no podía desprenderse de su querencia hacia Asturias, contemplada ahora desde una perspectiva más madura y más crítica.

En esa situación y con eso planteamientos, no es de extrañar que dos de sus primeras canciones fueran precisamente "El tren de madera" –magnífica descripción de aquellos viejos trenes que transportaban tantas ilusiones de los pequeños pueblos a las ciudades, en la que Víctor hace una referencia directa a la emigración. a las clases sociales y a los poderes que ostentaban en aquel momento lo curas y los militares– y El cobarde, canción claramente antibelicista, con planteamientos por completo revolucionarios y subversivos en la España de 1968.

A partir de ahí Víctor grabó su primer LP en el sello Belter, titulado "Víctor Manuel y su tierra" (1970), obra de la que se realizaron varias ediciones; con aquella grabación la popularidad de Víctor Manuel empezó a extenderse, y con ella la prohibición de alguna de sus canciones.

Ese mismo año, 1970, tras negarse a participar en el festival de Eurovisión, rompió el contrato con Belter e inició una nueva etapa discográfica con Philips-Fonográn; posiblemente la etapa más brillante, más lírica y más comprometida de su carrerra; con canciones inolvidables como "María Coraje", "Carmina", "Carta de un minero a Manuel Llaneza", "Quiero abrazarte tanto", "El profeta", "Cómicos", "Para un homenaje a Miguel Hernández", o su bellísima "Canción para Pilar", dedicada a Ana Belén.

Canciones que fueron recogidas, junto con otras muchas más, en los siguientes discos, editados, en su mayoría, durante los cinco últimos años de la dictadura y primeros de la transición democrática, y, por supuesto, luchando y enfrentándose como se podía a la represión impuesta y controlada por la censura: "Quiero abrazarte tanto" (1970), "Dame la mano" (1971), "Al diablo con amor" (1971) –álbum en el que grabó las canciones compuestas para la película de Gonzalo Suárez en la que conoció a Ana Belén–, "Verde" (1973) –con versiones de clásicos populares de la canción asturiana–, "Todos tenemos un precio" (1974), "Cómicos" (1975) –bellamente ilustrado por Miguel Ángel Pacheco, en el que se recoge el testimonio y la memoria de la importante y multitudinaria huelga de actores de febrero de 1975 en protesta contra la política cultural de la dictadura–, "Víctor Manuel en directo" (1976), "Víctor Manuel 10" (1976), "Cándido" (1977) –banda sonora de la obra teatral de Voltaire adaptada por Manolo Coronado–, "Sapanien" (1977) –disco grabado en la República Democrática Alemana en el Séptimo Festival de la Canción Política de Berlín Este–, y "Canto para todos" (1978). (En 1978, Víctor también compone las bandas sonoras de las películas "La criatura", de Eloy de la Iglesia, y "Las truchas", de José Luis García Sánchez.)

En medio de la edición de los discos citados, hay que señalar un hecho importante vivido por Víctor y Ana, en 1972, en el contexto de uno de sus viajes al continente americano, y, en concreto, a México.

Con motivo de aquel viaje, Víctor decidió estrenar en el teatro Manolo Fábregas, de México (Distrito Federal). una obra de teatro vanguardista que había escrito y a la que había titulado "Ravos"; obra que había sido censurada en España por "antipatriótica y antirreligiosa".

Una vez estrenada la obra –que podría haber pasado prácticamente inadvertida– alguien envió al Ministerio de Información y Turismo español unas cartas en las que afirmaba que en la presentación de "Rabos" sus protagonistas ultrajaban la bandera española –lo que era completamente falso–; el Ministerio hizo pública aquella información, y Víctor, y Ana fueron vetados en Radio Nacional de España y tuvieron que vivir exiliados seis meses en México hasta que finalmente se aclaró lo absurdo y lo injusto de aquel acontecimiento.

En 1978, Víctor rompió su contrato discográfico con Philips y fichó con CBS, compañía que decidió apoyarle fuertemente en la promoción de sus siguientes grabaciones: "Soy un corazón tendido al sol" (1878), "Luna" (1980); "Ay amor" (1981), "Por el camino" (1982), "Víctor y Ana en vivo" (1983) –disco grabado en el Palacio de los Deportes, de Madrid–, "El lanzador de cuchillos" (1984), "En directo" (1985) –grabado ej Gijón con el acompañamiento de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias–, y "Para la ternura siempre hay tiempo" (1986), grabado con Ana Belén.

A partir de 1987, Víctor decidió crear su propia productora a la que llamó "Ión Música", y siguió grabando sus nuevos discos editados y distribuidos por NMG-Ariola: "Qué te puedo dar" (1987), "Tiempo de cerezas" (1988) –álbum en el que realiza una regrabación de sus primeras canciones–, "El delicado olor de las violetas" (1990), "A dónde irán los besos" (1993), "Mucho más que dos" (1994) –disco de Víctor y de Ana en el que participaron Antonio Flores, Pablo Milanés, Juan Echanove, Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat, Miguel Ríos y Manolo Tena–, "En blanco y negro" (1995) –con Pablo Milanés–, "Sin memoria" (1996), "El gusto es nuestro" (1997) –testimonio de la gira que Víctor y Ana realizaron por toda España y parte de América, con Miguel Ríos y Serrat–, "Cada uno es como es" (1999), "Vivir para cantarlo" (1999) –obra grabada con la Orquesta Sinfónica y el Coro del Principiado de Asturias–, "Dos en la carretera" –grabación en el concierto celebrado en la Plaza de Toros de las Ventas. Madrid, el 21 de septiembre de 2001–, "El hijo del ferroviario" (2001), "El perro del garaje" (2004), "Una canción me trajo aquí" –grabado en el Teatro Romano de Mérida el 16 de septiembre de 2005–, "No hay nada mejor que escribir una canción" (2008), "Vivir para cantarlo. Biografía de las canciones" (2012) –grabación del concierto en el Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer con la colaboración de Ana Belén, Serrat, Miguel Ríos y Miguel Bosé–, "50 años no es nada" (2014) –álbum grabado en directo, en Oviedo, rodeado de amigos y compañeros como Joan Manuel Serrat, Estopa, El Gran Wyoming, Miguel Poveda, Rosendo, Luis Eduardo Aute, Pedro Guerra, Chus Pedro (Nuberu), Hevia, Marisa Valle Roso, Ismael Serrano, Miguel Ríos, Pablo Milanés, Soledad Giménez, Rozalén o Ana Belén entre otros–, y más recientemente el disco "Canciones regaladas" (2015) una vez más junto a Ana Belén.

Finalmente, hay que resaltar que Víctor Manuel, con independencia de su carrera personal como compositor y cantante, ha dedicado mucho de su trabajo y de su esfuerzo a la producción cinematográfica y de otros cantautores e intérpretes. A su vez Víctor ha participado y colaborado en más de un centenar de discos de otros creaores, de los que ofrecemos una muestra significativa en el apartado dedicado a su discografía.

«Cantemos como quien respira. Porque eso es la libertad, porque es decir que somos quienes somos, porque eso es el amor: respirar o cantar. Porque ambas cosas son la misma: Poesía» (Gabriel Celaya)