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Desconcertantes Objetos De Estudio (Cuarta Manía: No Callarse)

Desconcertantes Objetos De Estudio (Cuarta Manía: No Callarse)

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No voy a empezar presentando la primera de las "Cinco manías de hombre solo" de David Moya, que es "Cantar y desnudarse", ¡no!... Voy a empezar por la cuarta que es "No callarse".

Creo que esta cuarta "manía" que David Moya confiesa —a la que llama "No callarse"—, es la consecuencia lógica —o mejor dicho, coherente— de otra que silencia: me refiero a su "manía" de "Pensar", y de "Pensar en serio", es decir, de forma crítica. Compaginando y entrelazando la realidad con la razón utópica...; lo vivido con lo soñado como posibilidad...; el caos con la esperanza.

Prueba de ello queda reflejado, por ejemplo, en el siguiente texto —provocador y de extraordinaria lucidez— escrito por David en ese afán maniático, que por supuesto le aplaudo, de "No callarse".

«Lo he pensado de una y mil maneras —escribe— y no encuentro otra salida a la situación actual. Tenemos que formar terroristas. A tan pedagógica conclusión llego tras años de ser hijo, alumno, maestro, músico y, ahora, escritor. Pero sobre todo, tras más de tres décadas de atenta observación de este mundo en el que habitamos.<(cite>

La actual dictadura a la que estamos sometidos recibe éste o aquel nombre según el círculo en que nos movamos: sociedad de bienestar, gobierno del capital, globalización, progreso... Hasta la fecha, la lucha contra el autoritarismo se ha traducido en revueltas sociales, manifestaciones y, llevado el conflicto hasta el extremo, la guerra. Pero ya no hay suceso bélico, por exitoso que parezca resultar, que libere a ningún pueblo de la opresión. Precisamente es tras la contienda cuando llega la auténtica esclavitud. Los sometidos no pelean sino contra un señuelo llamado ejército, mientras los verdaderos dominadores permanecen escondidos bajo el anonimato de las grandes empresas esperando que la tormenta escampe para comenzar con su humanitaria tarea de reconstrucción. Lo hemos visto en Irak, Afganistán, Vietnam, El Salvador, etc.

¿Pero qué hay de los países en los que hace mucho que ya no se sufre una guerra? ¿Es el primer mundo un paraíso de gente libre? Perdonen la rotundidad, pero me atrevo a afirmar categóricamente que no [...]. Devotos de los dogmas, la política-ficción y de los cuentacuentos que aparentan gobernar. Encadenados a la tecnología y bajo la amenaza de lo obsoleto, corremos y corremos, sin tener ni idea de hacia dónde, y habiendo dejado demasiado atrás nuestra persona como para preguntarle.

Y todo esto, ¿por qué? Nadie parece empujarnos a ello. No hay caras reconocibles ni brazos con látigo a la vista. El amo es un agente secreto, parte de un servicio de inteligencia que mueve los hilos a nivel global y nos somete mientras creemos progresar. Es una fórmula perfecta, lo reconozco. Convencer al sometido de que no es tal cosa endulzando su amargura con el caramelito del bienestar. Bravo.

Por eso creo firmemente en que solo hay un camino: reventar el "status quo" desde dentro, con armas tan sutiles como las que emplean contra nosotros. Trabajar por la libertad en la sombra, tan a hurtadillas que para cuando el gigante quiera darse cuenta de nuestras intenciones, ya hayamos conseguido nuestro objetivo: la felicidad. Esto, señoras y señores, sólo tiene un nombre en los tiempos que corren: terrorismo [...]».

Llegado a este punto David Moya formula un conjunto de bases sobre las que habría que articular la formación de esos futuros activistas, entre ellas, por ejemplo, «el manejo de la sonrisa», «el amor a la cultura y la voluntad de estar informados», «la sinceridad y la transparencia», «la toma de decisiones y el cambio», «el valor», «la eliminación de la palabra fracaso» y «la intuición»... ¡Espléndido programa que destella esperanza por'tos los'laos!... Y ¡claro! es compresible que después de leer y releer las palabras de David no tenga más remedio que "No callarme" y decir: «¡Bendita sea esta manía —seductora y contagiosa— de David a "No callarse".

¡Cantad alto! Oiréis que oyen otros oídos. ¡Mirad alto! Veréis que miran otros ojos. ¡Latid alto! Sabréis que palpita otra sangre. No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo encerrado. Su canto asciende a más profundo cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres.» (Rafael Alberti)