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León Gieco. Crónica De Un Sueño

León Gieco. Crónica De Un Sueño

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«"Si no hubiera un León Gieco, habría que crearlo". La categórica frase de Mercedes Sosa aparece en el prólogo de este libro y nadie en su sano juicio podría rebatirla, sobre todo después de sumergirse en sus páginas. Porque lo que sabemos acerca de uno de los íconos populares más queridos resulta tan atractivo como aquello que no trascendió. Revelaciones íntimas, travesías inéditas, confesiones valientes, fotos de una vida entera: todo eso y mucho más es lo que invoca, para grabarlo en piedra "León Gieco. Crónica de un sueño".

Y sobran razones para entender por qué el nombre de León Gieco se escribe con letras doradas en la historia grande de la música popular argentina. Desde su tímido arribo a la gran ciudad hasta su exllio y su posterior regreso con gloria, todo en su obra (y en su vida, que es casi lo mismo) rebosa verdad, compromiso y un amor tan genuino como conmovedor por el arte de contagiar emociones.

Oskar Finkelstein, en su carácter de biógrafo informal, y el propio Gieco construyen un relato coral que tuvo su primera versión en 1994 y que ahora se publica corregido y, fundamentalmente, actualizado. Después de horas y más horas de conversaciones a través de los años, este libro es el testimonio de una amistad cuyas señales se han hecho públicas gracias al afán –casi sin límites– del autor y a la enorme generosidad de su objeto de devoción. En palabras de León: de igual a igual.».. (Texto que aparece en la contracubierta del libro).

Indice: 

• Intriducción.
• Prólogo, de Mercedes Sosa.
• De Cañada Rosquín a Plaza de Mayo.
• De Buenos Aires a Los Ángeles.
• De Ushuaia a La Quiaca.
• De Caballito a Japón.
• El viaje interior.
• De Palermo al mundo (Alas).
• Epílogos.
• León Gieco, en otras palabras.
• Discografía.

¡Cantad alto! Oiréis que oyen otros oídos. ¡Mirad alto! Veréis que miran otros ojos. ¡Latid alto! Sabréis que palpita otra sangre. No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo encerrado. Su canto asciende a más profundo cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres.» (Rafael Alberti)