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Los Rastros Esparcidos

Los Rastros Esparcidos

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LA ASPIRACIÓN DE UN HOMBRE

«Érase un hombre que aspiraba
a ser poema en todos sus instantes,
y cadencia en la voz del tiempo en las palabras.

A construir su casa sobre rocas,
sobre la transparencia y el murmullo del agua.

A guardar en si mismo
los árboles del bosque, las ciudades,
el humo que se extiende,
el sonido más puro de una nota incesante
la dulce sed que pervive en la lengua.

A abrir los brazos cuando nadie le viera
en una cruz de troncos florecidos.

A guardar en su iris los paisajes del día,
a devolver al aire las miradas del aire,
a acariciar el nombre de las cosas,
a cambiar con los cambios del color del mar.

A descubrir la vida en un grano de arena,
en una brizna de hoja que hace vibrar el viento
al volar con el viento.

A arrodillarse para pedir el vuelo
de las aves que cruzan en bandadas».

¡Cantad alto! Oiréis que oyen otros oídos. ¡Mirad alto! Veréis que miran otros ojos. ¡Latid alto! Sabréis que palpita otra sangre. No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo encerrado. Su canto asciende a más profundo cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres.» (Rafael Alberti)