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No Comparto Los Postres

No Comparto Los Postres

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Niño de Elche es un cantaor multidisciplinar que ha sabido aunar, desde sus prácticas artísticas, géneros tan diferentes como el flamenco, la poesía, el minimalista, el rock, la libre improvisación, la performance, la electrónica o la música contemporánea, consiguiendo difuminar los límites entre ellos.

No comparto los postres parte de un título que encierra una anécdota, pero es, ante todo, un prisma para comprender la figura de Niño de Elche, al artista y a la persona. Acercarse a Francisco Contreras (Elche, 1985) es descubrir ese tránsito que hay entre uno y otro, entre Paco y el Niño, un espacio de convivencia y de transmisión corporal, oral y escénica.

De todo ello da cuenta esta obra que gira en torno a tres «convexaciones» con destacadas figuras de la cultura, en las que Niño de Elche dialoga sobre flamenco, cultura popular y arte sonoro. Ese órdago toma su dimensión real en los textos del propio autor, donde abre las puertas de su casa, sus ideas y su juego artístico; un juego sincero y colaboracionista que ha despertado el interés entusiasta de público y crítica.

Entre sus múltiples propuestas destacan Vaconbacon, cantar las fuerzas junto al colectivo Bulos.net, sobre la vida y obra del pintor Francis Bacon (2011); el triple homenaje al poeta Miguel Hernández en el periódico-disco Sí, a Miguel Hernández, la casete Calle de arriba, 73, junto al dúo de impovisación Seidagasa, y el documental Sobre MH (2014-2015); el disco Voces del Extremo (2015), considerado mejor álbum nacional por Radio3, El País y Rockdelux; o los dos espectáculos presentados en el festival Sónar con Los Voluble, Raverdial (2015) y En el nombre de (2016), que han visibilizado y provocado el reconocimiento internacional de Niño de Elche. (Texto que aparece en la contracubierta.)

¡Cantad alto! Oiréis que oyen otros oídos. ¡Mirad alto! Veréis que miran otros ojos. ¡Latid alto! Sabréis que palpita otra sangre. No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo encerrado. Su canto asciende a más profundo cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres.» (Rafael Alberti)