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Solo Tramoamarte

Solo Tramoamarte

Escritor: 
Editorial: 
Colección: 
Poesía Parda
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«Un enigma que de súbito puede dejarnos parados en Gran Vía o en Utopía... Hay una mujer a su lado y una memoria escondidas en esa última pero eterna juventud serena que le acompaña: se llama Paco Cifuentes, nació en Sevilla pero ha vivido en las antípodas del mundo contemporáneo, esto es, lejos de la ambición y de la ceniza, héroe local de si mismo, viajero por un universo al alcance de la mano que lo mismo le ha zarandeado desde la isla de Manhattan a las dunas de Bolonia.

"Solo Tramoamarte" se titula la colección de sus poemas a los que acompaña la melodía más íntima, la interna, que no es la del silencio. Hay mucho espejo entre sus textos, mucho Jeff Buckley, Javier Ruibal, Kant en los suburbios y un puñado de nombres que seguramente yo habré leído o habría tenido que hacerlo. No es poesía de la experiencia, no se engañen, sino de la percepción: hay más escalofríos que datos en lo que transmite, imágenes y zarpazos como un flash, días en vela o noches de trabajo, turbios amigos y cordiales adversarios. Este tipo sabe lo que escribe pero, lo que es peor, sabe lo que lee, lo que imagina, lo que siente, lo que intuye. No me gustaría encontrármelo en la otra vida, porque seguro que me haría añorar esta; cuando todavía es posible extasiarnos ante un lienzo o quemar un banco, precipitarnos a decir lo que no debimos decir nunca o a soñar a diario lo que, en rigor, tuvimos que pensar más a menudo.

Les recomiendo que lo lean como leen los ciegos, con las huellas dactilares del alma.» (Texto que aparece impreso en la contraportada del libro, y que ha sido tomado del prólogo escrito por el periodista sureño Juan José Téllez):

Indice: 

• Prólogo.
• Primera parte: Sombra.
• Segunda parte: Entredientes.
• Tercera parte: Cadáveres exquisitos.
• Curta parte: Luz.

¡Cantad alto! Oiréis que oyen otros oídos. ¡Mirad alto! Veréis que miran otros ojos. ¡Latid alto! Sabréis que palpita otra sangre. No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo encerrado. Su canto asciende a más profundo cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres.» (Rafael Alberti)