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Sueños E Insomnios De Rafael Amor

Sueños E Insomnios De Rafael Amor

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Rafael Amor es un militante de las palabras. Las siembra con esperanza, las cultiva con celo, las siega con la misma dignidad que un campesino auténtico recoge el fruto de la tierra.

De Rafael Amor se sabe que es un cantor popular de raíz folclórica. De frondosa y personal obra, que goza de reconocimientos en la Argentina y también en España, donde residió casi 30 años sin dejar de recorrer la geografía de manera ininterrumpida, con una guitarra a cuestas. Considerado allí uno de los pocos y grandes artistas trashumantes de entresiglo. Aquí, sus pares argentinos lo ubican entre los letristas más destacados de su generación. Y hace tiempo que la crítica especializada –de quí y de allá- opina que es un legítimo renovador del canto popular de habla hispana. Sus creaciones discográficas como “No me llames extranjero”, “El loco de la vía”, “Corazón libre”, “La crisálida y otros milagros”,”El mundo se mueve”, “A mí la calle”, entre otras, hacen de él un artista perdurable, de asombrosa e inusual cohesión, aún en los años 90 cuando los vientos del pragmatismo y la preconizada muerte de las ideologías horadaron demasiadas voluntades y talentos populares.

El mantuvo su apuesta al canto contenidista, honrando el legado de Yupanqui y también de “Nuevo cancionero”, el legendario movimiento de letristas del que se sabe reconocer un heredero. Desde su retorno definitivo al país, al calor de las luchas populares ha escrito y musicalizado verdaderos alegatos poéticos desde lo que él llama “un arte comprometido con la belleza y la realidad de los oprimidos”, que muestran la solidez y profundidad creativa de quién prefiere sortear la miel fácil de pintoresquismo ramplón que se demora en la superficie de las cosas.

En toda su poesía, aún en la compuesta para ser cantada, rezuma un tono intimista casi confidencial. Algunas veces entra a tallar la melancolía, en otras la ternura. Y siempre se ocupa de las “minucias” de la vida que, por exiguas y sencillas, proveen universalidad en tanto refugio de los mejores sentimientos y valores colectivos.

Es la obra de un hombre entrañable y modesto. Que se conmueve cuando el aire huele a sopa o adivina “en cada silencio un sueño clandestino”. Que logra rastrear el terruño en el cordón de una vereda, y exhumar vital un beso con gusto a mandarina, hasta vislumbrar “brasas en el fondo del mar”. Tan simple como eso. (VÍCTOR DELGADO)

¡Cantad alto! Oiréis que oyen otros oídos. ¡Mirad alto! Veréis que miran otros ojos. ¡Latid alto! Sabréis que palpita otra sangre. No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo encerrado. Su canto asciende a más profundo cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres.» (Rafael Alberti)