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Treinta Y Cinco Veces Uno

Treinta Y Cinco Veces Uno

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«El libro se abre con “Nos haces falta sin fondo”, uno de los dos o tres poemas más carismáticos del zaragozano, doble homenaje a su hermano Miguel y al autor que, quizá, más perturbó la conciencia de los más jóvenes componentes del grupo Niké, César Vallejo. Del enorme y grave poeta peruano conserva “Treinta y cinco veces uno”, el tono varonil y triste —y hasta, en muchas ocasiones, desolado—, el gusto por la imagen y, claro, la conciencia social. No va sin embargo, José Antonio, tan lejos en las audacias léxicas ni en las deslumbradoras imágenes, que al poeta andino eran consustanciales y que prodigó con genialidad desde su primera obra. Los poemas de José Antonio Labordeta son más desnudos, menos efectistas y, quizá, menos “humanos” que los de César Vallejo. En el fondo, hay en Labordeta un metafísico y es en sus alusiones a lo telúrico, a lo preternatural, a lo incomprensible del mundo, cuando consigue sus mejores registros. Esos paisajes batidos por el viento, el mar sin fondo, la desazonante inquietud por la “ausencia” son, sí, una consecuencia de la desaparición de su hermano y maestro pero, también, muestra de una grieta antigua y mal suturada, una ansiedad por la vuelta al origen, un gemido existencialista y profundamente solitario.» (Comentario publicado por Javier Barreiro, Catedrático de Literatura Española).

¡Cantad alto! Oiréis que oyen otros oídos. ¡Mirad alto! Veréis que miran otros ojos. ¡Latid alto! Sabréis que palpita otra sangre. No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo encerrado. Su canto asciende a más profundo cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres.» (Rafael Alberti)